Es una performance con canciones de la autoría de Frank Mitchel, y otros autores de Cuba y Abya Yala, que resaltan espacios liminales y de transición; canciones o experiencias atrapadas en una grieta entre dos mundos. Distintas aves funcionan como símbolo o dispositivo que sostiene esta obra. Para acentuar la sinestesia, la performance se acompañará de visuales realizados a partir de archivos de películas analógicas dañadas y restauradas, recuperadas durante años por el cineasta Josué García Gómez. En conversación con ellas Frank Mitchel piensa la migración y el exilio, explora cómo se comunica el cuerpo exiliado/migrante con el nuevo territorio y la memoria. Con el legado de la canción cubana muy marcado, el repertorio de este concierto viaja desde la intimidad del canto solo a guitarra y voz, hasta atmósferas pesadas y psicodélicas que remiten al post rock.